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Las Toninas

Mixta sobre papel

1944

Obra

Una vez culminado su período de estudiante en la Academia de Bellas Artes de Caracas, entre los años 1922-1927 Narvaez, expresa a través de la figuración temas en relación a escenas tradicionales venezolanas y en especial  de su estado natal dándole un particular tratamiento a la expresión plástica del mestizo. Esto se acentúa en el 1928 en europa donde se encuentra con el fauvismo francés movimiento plástico que exacerba los colores y que para Narváez fue punto de enlace con la luz y el color de  latinoamérica.

Al volver a Caracas sigue su incursión en la figuración pero con un énfasis en la escala urbana, donde las esculturas monumentales ornamentan la ciudad, al coincidir con el arquitecto Carlos Raul Villanueva en la modernización de la Caracas ejecutando grandes proyectos urbanos bajo la corriente de la Integracion de las artes a la Arquitectura.

En la bidimensionalidad igualmente la figuración se mantiene aunque se deslinda cada vez del academicismo, rompiendo las reglas del uso del espacio y el color 

               

“Se venden cuadros pintados por un pintor que no pinta y sus telas embadurna con las sombras entre vistas…” Fragmento de los sonetos de Pedro Sotillo

 

A partir de 1956 empieza a explorar el camino de la abstracción, la cual asoma en el proyecto de la síntesis de la artes el ciudada universitaria. Fue una  incursión lenta, pero progresiva, que denominó las formas nuevas en donde va desvaneciendo los contornos y haciendo la figura cada vez menos sugerente.  En 1962 expone Los estucos proyecto plástico donde desarrolla una técnica a través de la cual añade una dimensión adicional a la pintura. En este camino progresivo expone en 1967 su último eslabón hacia la abstracción, el cual denomino los ochavados, característico por el tratamiento de la composición y la peculiar textura de la superficie que aparece cuando se desbasta la madera etapa definitiva que lo lleva a la total abstracción desde 1972 periodo que denominó Los Volúmenes, y cierra su planteamiento plástico destacando la nobleza de los materiales y la relación del volumen con el espacio.

Figurativos

La etapa figurativa criollista en la obra de Francisco Narváez corresponde al período comprendido aproximadamente entre finales de la década de 1920 y los años previos a 1950. Durante estos años, el artista desarrolló un lenguaje escultórico profundamente vinculado con la representación de temas y personajes propios de la realidad venezolana, integrando elementos de la tradición académica con una sensibilidad moderna y una marcada búsqueda de identidad cultural.

En esta etapa, Narváez centra su atención en la figura humana como eje fundamental de su producción. Sus esculturas representan con frecuencia personajes del mundo popular, campesinos, pescadores y figuras indígenas, así como maternidades y desnudos femeninos que evocan la vida cotidiana y los valores culturales del país. Estas obras reflejan una voluntad de afirmar lo criollo como tema artístico, en consonancia con las corrientes intelectuales y culturales que, durante la primera mitad del siglo XX, promovían la valoración de las raíces nacionales.

Desde el punto de vista formal, las esculturas de este período conservan una clara referencia figurativa, pero ya evidencian una tendencia hacia la simplificación de las formas y la síntesis de los volúmenes. Narváez reduce progresivamente los detalles anecdóticos para concentrarse en la estructura esencial del cuerpo humano, logrando composiciones de gran equilibrio y solidez. Esta depuración formal, que se hará más evidente en etapas posteriores, comienza a manifestarse en la manera en que el artista organiza las masas y define los contornos de las figuras.

Asimismo, el escultor demuestra un notable dominio de diversos materiales, entre los que destacan la piedra, la madera y el bronce. En todos ellos logra transmitir una sensación de fuerza, estabilidad y armonía que contribuye a dotar a sus obras de un carácter monumental, incluso cuando se trata de piezas de escala reducida.

Formas Nuevas

Las “formas nuevas” que desarrolla Francisco Narváez durante la década de 1950 representan una etapa de profunda transformación en su lenguaje escultórico. En estos años el artista consolida un proceso de depuración formal que lo conduce hacia una mayor síntesis de los volúmenes y una exploración más libre de la relación entre masa, ritmo y espacio.

Si bien en sus obras anteriores Narváez había trabajado principalmente con la figura humana y con temas vinculados a la identidad venezolana —como el mundo indígena, la maternidad o la figura femenina—, en los años cincuenta su escultura comienza a orientarse hacia soluciones formales más abiertas y experimentales. En este período, las figuras tienden a simplificarse progresivamente, reduciendo los detalles descriptivos para concentrarse en la estructura esencial del volumen.

Las “formas nuevas” se caracterizan por la presencia de volúmenes más compactos y estilizados, superficies pulidas y un tratamiento plástico que privilegia la continuidad de las masas. En muchas piezas, el cuerpo humano se transforma en una estructura casi arquitectónica, donde las curvas y los planos se articulan para generar equilibrio y estabilidad. Esta búsqueda formal refleja un diálogo con las tendencias de la escultura moderna internacional, sin abandonar el carácter orgánico y la sensibilidad mediterránea que distinguen su obra.

Asimismo, durante esta década Narváez profundiza su interés por la monumentalidad y por la integración de la escultura en el espacio público. Sus propuestas formales adquieren una dimensión más universal, alejándose de la anécdota narrativa para concentrarse en valores plásticos como el ritmo, la proporción y la armonía de las formas.

De este modo, las “formas nuevas” de los años cincuenta constituyen una etapa de madurez en la trayectoria de Francisco Narváez. En ellas se manifiesta una síntesis entre tradición y modernidad que contribuyó de manera decisiva a renovar el panorama de la escultura venezolana del siglo XX y a consolidar la relevancia del artista dentro de la historia del arte latinoamericano.

Volúmenes

La década de 1970 representa una etapa significativa de renovación en la trayectoria de Francisco Narváez, caracterizada por el desarrollo de la etapa de los volúmenes. En este período, el artista profundiza su investigación sobre la forma escultórica, orientando su trabajo hacia una mayor autonomía del volumen y una concepción más abstracta del lenguaje plástico.

A diferencia de etapas anteriores, donde la figura humana constituía el punto de partida fundamental de su obra, en los años setenta Narváez se concentra en la exploración de masas volumétricas más libres, en las que la referencia figurativa se reduce o se transforma en un elemento apenas sugerido. El escultor privilegia la relación entre peso, equilibrio y continuidad de las formas, creando estructuras compactas y orgánicas que enfatizan la presencia material de la escultura en el espacio.

 

En estas obras, el volumen adquiere un carácter protagónico. Las superficies se presentan amplias y continuas, con transiciones suaves entre planos y curvas que generan una sensación de fluidez y estabilidad. La composición se organiza a partir de la interacción entre masas cerradas y cavidades, produciendo juegos de luz y sombra que enriquecen la percepción del objeto escultórico desde distintos puntos de vista.

El interés de Narváez por la pureza formal se manifiesta también en su elección de materiales, en los que continúa privilegiando la piedra, la madera y el bronce. A través de ellos, el artista busca resaltar la solidez y la permanencia del volumen, otorgando a sus piezas una presencia monumental incluso cuando se trata de esculturas de escala media o reducida.

La etapa de los volúmenes en los años setenta puede entenderse como una culminación de las investigaciones formales que Narváez había iniciado décadas atrás. En ella se evidencia una síntesis madura entre figuración y abstracción, así como una afirmación del volumen como elemento esencial del lenguaje escultórico. Este período confirma la constante vocación experimental del artista y su aporte a la evolución de la escultura moderna en Venezuela.

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